CRÓNICA DE UNA GRAN TORMENTA. SEMANA SANTA 2016

Después de disfruta de un agradable paseo por el palmeral del valle del Ziz y de una comida casera en casa Tata nos montamos en el autocar con los primeros vientos de tormenta. Camino a las dunas de Merzouga Fogonero, el conductor, y yo íbamos mirando por los retrovisores y veíamos como nos perseguía la tormenta, una gran nube de arena, espectacular. Teníamos que llegar a nuestro hotel, Nasser Palace, antes de que llegara la  tormenta, no nos podía pillar a mitad de camino, y Fogonero condujo con la agilidad que le caracteriza, no conozco un conductor mejor.

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Nada más llegar al Nasser Palace nos cogió la tormenta, ya estábamos a refugio. Cerramos las puertas del hotel y poco a poco la tormenta fue cogiendo mas fuerza. Muchos bereberes del lugar nunca habían visto una tormenta con tanta fuerza. Llegó la hora de coger los dromedarios para ir a dormir al campamento en medio de las dunas, la tormenta estaba en su momento más fuerte. Todos aventureros prepararon sus mochilas y salieron en busca de su dromedario. Poco a poco fueron montando y saliendo contra el viento, los camelleros no podían casi ni andar, los dromedarios impasibles luchaban contra el viento, y los aventureros se protegían del viento y la arena como buenamente podían. Al final salió todo el grupo, 52 valientes que no tuvieron miedo a la virulenta tormenta y quisieron vivir la aventura.

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Al rato de salir, justo antes de entrar en las dunas, los camelleros tomaron la sabia decisión de refugiarse de la tormenta, que había aumentado aún más su fuerza, en unas palmeras.

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La imagen era espectacular, todos refugiados detrás de las palmeras llenos de arena y los dromedarios tumbados alrededor suyo protegiéndoles como si la cosa no fuera con ellos. Que animal tan espectacular, es impresionante como está adaptado a todas las inclemencias del desierto. Les dimos la opción de volver al hotel y pasar la noche en él, o esperar una hora a que se ocultara el sol porque normalmente las tormentas amainan al anochecer. La sorpresa, que me llenó de orgullo, fue que todo el grupo decidió esperar y vivir la aventura a tope.

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Después de aproximadamente una hora algún gorrión y alguna tórtola comenzaron a volar de palmera a palmera, esto sólo podía significar que la tormenta estaba bajando de intensidad. Y efectivamente cada vez se veían volar más pájaros y la fuerza fue mermando, incluso pudimos ver un atardecer espectacular. La alegría y el optimismo inundo al grupo que se apresuraron a montarse en sus dromedarios e iniciar nuevamente la marcha hasta el campamento. Pero aquí no acabaron las inclemencias meteorológicas, para completar la aventura llovió mientras surcaban las dunas antes de llegar al campamento. Una aventura muy completa.

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A la llegada al campamento también llegó la calma. Se despejo el cielo dejando ver una magnífica luna llena que iluminaba todo el desierto.

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Para calentarse después de la aventura los camelleros encendieron una hoguera que vino muy bien. Cocinaron la cena de forma tradicional y la sirvieron en el comedor del campamento, siempre viene bien reponer fuerzas. La velada fue ambientada con sonido de tambores bereberes que animaron al grupo.

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Por la mañana era casi obligado levantarse para ver el amanecer, y que mejor sitio para verlo que subir a la gran duna que custodia el campamento. Un amanecer en el desierto siempre es espectacular, pero este especialmente después de la tormenta. Las dunas tenían las aristas recién formadas y la arena reflejaba el sol con más fuerza de lo normal.

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Después de tantas aventuras ya solo queda disfrutar el paseo en dromedario para regresar al hotel a desayunar. Un día soleado devuelve a los aventureros a la civilización.

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Una gran aventura, espectacular, que un grupo de valientes quiso vivir y contar. Y después de lo pasado pueden contar con orgullo que han vivido una verdadera aventura, una gran tormenta de arena en el desierto del Sahara. Mi más sincera y orgullosa ENHORABUENA, vuestro guía Sergio.

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